Seguridad y Ciberseguridad Presidencial. Una Cuestión de Estado

Si debo pensar una palabra es “Planificación”. Porque proteger al Presidente es una misión de “Estado” que debe alcanzar la responsabilidad de la sociedad en su conjunto.  Funcionarios y Ministros del Gobierno, organizaciones sociales, partidos  políticos, empresas y ciudadanos. Acompañar al máximo responsable del país define la identidad democrática que construimos y defendemos. Así de importante debe ser entonces la seguridad física y digital de su investidura. El cuidado celoso, estricto y absoluto de sus datos.

Es necesario prever y adelantarse a filtraciones de su vida cotidiana que puedan poner en riesgo su seguridad y la de su entorno más íntimo y su familia. Extremar las medidas para evitar ciberataques que tengan como objetivo final, poner en riesgo su figura como Jefe de Estado. Un Presidente, no es un hombre común. Como tal, cualquier intrusión en su privacidad, por pueril y absurda que resulte, puede perseguir fines fatales para el destino de una Nación.

Un necesario, conciso y detallado protocolo en la seguridad informática del Presidente debe ser planificado y establecido de manera tal que determine y explicite que puede y no hacer dentro de la Red de datos e Internet. Controlar y monitorear el conjunto de sus elementos electrónicos y el de los circuitos con los que convive a diario, es imprescindible. Sí el sistema de control de vehículos y semáforos funciona por computadora, debemos pensarlo entonces hipotéticamente como una amenaza y trabajar sobre ese aspecto y otros similares. Que son tan importantes como programar su seguridad diaria.

El Jefe de Estado debe ser el primero en practicar la Ciberseguridad y estar totalmente blindado. Para luego, traspolarla al resto de la sociedad, respecto de lo que se debe y no hacer cuando hay un dispositivo electrónico delante. Y advertir y detectar los nuevos riesgos y amenazas que ofrecen las grandes ciudades y sus sofisticadas formas de vida.

La ciberseguridad Presidencial, debe ser el pilar fundamental dentro del desarrollo  de una estrategia nacional, que proporcione un marco normativo bajo el cual organizar las iniciativas de ciberseguridad. Su desarrollo también puede proporcionar un mecanismo que permita una amplia coordinación gubernamental transversal. Con reglas e instituciones a fin de lograr que el ciberespacio sea un lugar más estable y seguro para todos.

Como la Casa Militar lo hace con la seguridad física del Primer Mandatario también es menester asignar responsabilidades a los organismos gubernamentales respecto de la Ciberseguridad Presidencial, con un especialista que sepa cuál es el mapa de situación, analice e identifique con precisión los factores de riesgo. Y una misión: Salvaguardar la seguridad informática del Jefe de Estado y por añadidura la del conjunto de una Nación.

 

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