Biohackers y Bioterrorismo

La amenaza por excelencia a la que nos enfrentamos en la actualidad es el Bioterrorismo. Una forma de terrorismo que utiliza tecnologías biológicas y agentes patógenos para propagarlos entre la población. Ayudados por nuevos recursos como la  inteligencia artificial, superan Internet y los ordenadores más evolucionados con acciones ofensivas cuyo fin es la muerte. Varios organismos infecciosos tienen la posibilidad de ser utilizados en actos de terrorismo. El tema es que en manos de biohackers el ingreso o propagación de los mismos resulta imposible de rastrear hasta que el mal fue hecho.

La guerra biológica es el uso premeditado de microorganismos, y toxinas, generalmente
de origen microbiano, vegetal o animal, para producir enfermedades y muertes entre
humanos, ganado y cultivos. En la antigüedad ya se usaban armas biológicas para desestabilizar la sociedad, economía o salud del enemigo. Los objetivos finales siempre son los mismos: causar miedo, destrucción y asesinatos.

El bioterrorismo se caracteriza por ser transnacional: tiene varios objetivos en distintas partes del mundo y su motivación suele ser religiosa. Persigue lograr un alto impacto en sus atentados y es difícil de rastrear ya que muta y evoluciona constantemente.

Desde el antrax, el resurgimiento de la viruela, hasta formas que a simple vista nada tienen que ver un ataque. Tanto Estados Unidos, como la OTAN trabajan con analistas científicos que intentan detectar las conspiraciones, allí donde solo se ven accidentes naturales.

Lo que facilita el uso de la tecnología es un daño y alcance cada vez mayor. Sus ataques se vuelven precisos y evaden los mecanismos de seguridad. El cofundador de Microsoft Bill Gates lo advierte en distintas conferencias y foros.

Por otro lado, hay pruebas evidentes de que ciertas personas y organizaciones terroristas han realizado investigaciones sobre toxinas y agentes biológicos, o han intentado adquirir este material.

Fue el propio anterior Secretario General de Naciones Unidas Koffi ANNAN quien decía hace ya trece años: “La principal amenaza relacionada con el
terrorismo (…) es la posibilidad de que los terroristas utilicen un arma biológica”

Lo que tenemos que saber es que los ataques biológicos pueden situarse entre dos categorías extremas, la de ataque mínimo y la de ataque masivo, y su posición variará en función del tipo de agente empleado, la forma de utilizarlo y la vulnerabilidad de la población amenazada.

Este tipo de terrorismo puede ser ejercido tanto por los Estados, las organizaciones terroristas o grupos no estatales.

Y gracias a las posibilidades que brinda la tecnología y los llamados Biohackers, lo único que se necesita es obtener las cepas letales, producirlo en cantidades suficientes, purificarlo y garantizar su mantenimiento en condiciones de infectividad. Por último se requiere diseñar un sistema de diseminación que garantice la contaminación de áreas extensas en condiciones óptimas de patogenicidad

La formación especializada en microbiología de los biohackers profundiza esta amenaza. Y se teme por el acceso de los terroristas a agentes infecciosos. Agravado el desarrollo de la investigación y la tecnología junto con el conocimiento en la conformación de ciertos sistemas para su aplicación al alcance del público en general. Como la la difusión a través de Internet que abre una puerta al mal uso de ese conocimiento. Este es el problema que plantea a nivel mundial el resurgimiento de la filosofía llamada  “Haz tu mismo biología”.

La posibilidad  de instalar laboratorios en garajes u hogares que pueden provocar consecuencias impredecibles y eso es a lo que nos enfrentamos.

El mayor ataque bioterrorista en la historia de los Estados Unidos sucedió en The Dalles,
Oregon, en 1984, un grupo de seguidores extremistas de Bhagwan Shree Rajneesh
-también conocido como Osho- contaminó la ensalada en 10 diferentes barras con el
patógeno de la salmonelosis, Salmonella thyphimurium, para deshabilitar la población.
Un total de 751 personas contrajeron la enfermedad, varios de ellos fueron internados y por suerte no hubo víctimas fatales. Otro fue el lanzamiento de las esporas de Bacillus
anthracis a través de correo postal en Estados Unidos en 2001. El ataque bioterrorista se llevó a cabo con cartas dirigidas a la prensa y a los funcionarios del gobierno. Hubo veintidos casos confirmados de contaminación por ántrax, doce cutáneos y diez inhalatorios.

Como verán el bioterrorismo es una amenaza invisible, silenciosa y por eso no debemos desestimarla. Se trata de un arma en ascenso y una clase de terrorismo inidentificable que se propaga rápidamente entre las personas sin causar sospecha alguna hasta
que el daño es irreparable.

Es difícil de detectar, y muy complicado de distinguir entre un caso natural de uno intencionado. Y allí reside su secreto.

 

 

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