Triple Frontera. Por Gabriel Oliverio

Cuando hablamos de Triple Frontera debemos asumir que se trata de la mayor organización criminal de América Látina. Sus pilares fundamentales son la economía en negro, el narcotráfico y el crimen organizado. La predicción americana advierte sobre la conformación de un estado terrorista de mafias transnacionales imposible de frenar potenciado por las enormes cantidades de dinero en efectivo que se manejan -70% de las actividades- y el lavado de dinero. Todo como resultante del tránsito de droga por ese paso estratégico. Marihuana producida en Paraguay,  cocaína de Bolivia y Perú cuyo destino final es el territorio brasileño.

La alerta la enciende el vinculo existente entre el gigante de la narco criminalidad brasileño en américa del sur: Primeiro Comando da Capital (PCC) y sus crecientes y peligrosos nexos criminales con el ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) que incrementaron la violencia en dicho país.

Estas alianzas se proponen no solo delinquir, sino también generar y dispersar violencia y miedo en la región. Ayudados por otro tipo de delitos en los que se hace menos foco, pero igual de importantes debido al volumen de dinero que mueven como es el tráfico de cigarrillos, armas, secuestros extorsivos y operativos comando de alto impacto.

La presencia de Hezbollah en la región, es otra prueba de lo que hoy sucede allí. Según el informe del Departamento del Tesoro estadounidense –Acta de Prevención del Financiamiento Internacional del Hezbollah, 2016- dice que Abdallah es el principal recaudador del grupo terrorista en la región y que posee decenas de propiedades y comercios en Ciudad del Este. Al tiempo que maneja la entrada a la región de libaneses a quienes facilita pasaportes falsos y para los que provee una base de comunicaciones totalmente consolidada.

Otra prueba de ello es la presencia de Assad Ahmad Barakat, considerado el mayor recaudador y finanzista del grupo terrorista en América Latina, que estuvo prófugo por casi una década hasta que la policía de Foz lo detuvo el 21 de septiembre de 2018 por un pedido de la justicia paraguaya. Formalmente, se lo acusa de falsificación de pasaporte.

Su detención marcó una clara decisión de terminar con ese grupo terrorista en la región, tarea muy difícil de lograr, debido al entramado de comercio ilegal millonario enquistado allí.

El Departamento Antiterrorista de la Policía Nacional paraguaya (DAT) cree tanto Abdallah, Barakat y un tercer socio Sobhi Mahmoud Fayad fueron los tres principales recaudadores de fondos de Hezbollah asignados a la región. El Comité contra el Terrorismo de las Naciones Unidas dio a conocer un informe en el que indica que el clan recauda más de 200 millones de dólares al año para enviarlos a Beirut.

En agosto de 2018, se descubrió otra maniobra del Clan Barakat y su colaboración con Hezbollah: el lavado de dinero a través de los casinos de Puerto Iguazú, en el lado argentino. Esta vez era Hassan Ali Barakat, sobrino de Assad, quien intercambió fichas por 3.750.000 dólares y las introdujo en el sistema bancario brasileño sin declarar.

Por supuesto la lista continua y desde la la comunidad chiíta aseguran que es todo una maniobra para desprestigiarlos.

Lo cierto que es que la mezcla de que existe en la región facilita a través de un pequeño número de negocios lícitos, desarrollar una aparato criminal transnacional ligado al financiamiento terrorista. Que potenciado con las conexiones narcos y los clanes familiares pone en peligro la paz en los estados de los países involucrados.

Dentro de lo que es el análisis internacional más profundo, toda esta coexistencia de violencia, narcotráfico y crimen no es más que la evidencia de que la guerra híbrida ya esta instalada. Asoman entonces conflictos con líneas difusas que unen fuerzas regulares e irregulares, desinformación y una aparatosa presencia militar en una ofensiva limitada, que nunca es suficiente para detener el narcoterrorismo.

Hoy la Triple Frontera es un espacio liberado, un “pseudo estado” en el que es imposible distinguir entre la guerra y la paz. Su crecimiento y vínculos con los países miembro contagia y tiene como fin expandirse a toda América del Sur.

Es el narcoterrorismo acaparando la región, con conflictos híbridos que implican esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar un estado funcional y provocar una polarización de su sociedad, tal como lo vemos hoy en Venezuela, Chile y Bolivia.

El objetivo es generar un conflicto de tal magnitud que influencie a los estrategas políticos más destacados y a los principales responsables de la toma de decisiones, a través de presiones que se enmascaran en operaciones subversivas de estilo clandestino para evitar responsabilidades.

 

 

 

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